Teaser del acto II de Un pavo rosa

¡He terminado el acto II de Un pavo rosa! Aquí está.

Había que imprimirlo para dar fe, pero la impresora de mi curro se ha quedado muerrrta con semejante taco de folios.

¿Queréis leer algo? ¿El primer capítulo? Vamos con algo más visual, mejor. Estas son Álex y Nick con el atuendo que llevan en parte del acto II y vistas por la increíble tableta de dibujar de Henar Torinos.

No sé cómo lo ha hecho, pero a esa Álex le daba yo un muerdo.

Nick con un traje. Esto es… es… ES.

¿Qué os parecen? ¿Mucho cambio en poco tiempo? Hombre, tan poco no será, ¿habéis visto que a Nick le ha crecido ya su melena a lo tazón? Y la Gran Pregunta: ¿QUÉ DEMONIOS UTILIZARÁ ÁLEX PARA ALISARSE ASÍ EL PELO? ;D

Ahora bien: si volvéis al taco de folios (después de admirar los dibujos), es posible que veáis una duda con el subtítulo. Es la primera de muchas. Porque de esta versión, aproximadamente un 50% será descartado, enviado a la papelera (azul) y convertido en pulpa para imprimir catálogos del Media Markt.

Que no cunda el pánico. Yo escribiendo soy una “pintora al óleo”. Suelo escribir mucho y no siempre encuentro a la primera lo que quiero decir, o más bien lo que la obra ha decidido decir. (*) Entonces pongo otra capa de pintura más definida encima, a menudo tapando lo que ya había hecho. Y voy añadiendo capas y capas hasta que el conjunto está más o menos completo. Por supuesto, en las sucesivas revisiones se va desechando material; es lo lógico, aunque a veces todavía me pica deshacerme de esa escena que tanto me gusta y hago la trampilla de ponerla en otro sitio o convertirla en algo diferente (pero con la misma línea de diálogo).

“Terminar” una novela, en mí, que tengo este estilo de escritura y que además me dedico a hacer NaNoWriMos, significa más bien: “Producir una cosa que se podría leer desde el principio hasta el final sin demasiados fallos de coherencia”. Énfasis en podría y en demasiados. Porque este acto II tal como está, maaadre mía. Si dieran un premio a las subtramas peor resueltas, estaría nominado de fijo. (En mi defensa debo decir que Un pavo rosa tiene un montón de personajes. Pero sí, ya sé que no es excusa para dejar una trama más colgada que un cuadro solo porque había que llegar al clímax).

En suma, esta versión aún no es Un pavo rosa (Acto II), sino una especie de amago de lo que será. Bueno, si estiro la pata, mi pareja tiene permiso para pasársela a todos los que necesiten saber cómo acaba la historia de Álex y Nick, pero salvo caso de extrema necesidad, no creo que sea necesario hacer pasar a nadie por esto. A estos folios les falta toda la revisión que les hará pasar de “cosa que más o menos cuenta la historia” a una novela. Y llegaremos a ello, poquito a poco: todavía queda mucho 2017 por delante… 🙂

(*) Si hablo de forma tan impersonal, es porque no puedo evitar la sensación de que las historias, en muchos casos, están ahí para ser descubiertas y relatadas; y que son mejores cuanto más se adecuan a lo que quieren decir. Como decía Michael Ende, es necesario encontrar el tono de la historia, pero cuando llegas a ese tono adecuado, la historia se hace real. Yo identifico “tono” con algo musical. Y como soy tan negada para la interpretación, tengo que tocar muchas notas antes de llegar a esa tonalidad cristalina.

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Cuando yo escribía fanfiction: de Xena, Buffy, Harry Potter y el femslash

Ilustración de Santi Casas.

Ilustración de Santi Casas.

Esta ilustración que ha publicado Paz Alonso y algunas sesiones de tele y mantita me han despertado la nostalgia. No es ningún secreto que yo escribía fanfiction de diversas series y que buena parte de ella era femslash, es decir, sobre relaciones entre chicas. De hecho, puede que aún encontréis alguna historia mía dando vueltas por ahí; antes la gente era bastante dada a copiar y pegar sin muchas preguntas. (Hoy se lo agradezco, porque cuando te explota el portátil es bonito que haya copias de tus viejos fics en alguna parte.)

De los comentarios de mis fics solo recuerdo dos cosas: una, la gente decía que yo escribía bien, al menos en comparación con la media; y dos, ya escribiera comedias o dramones, mis perspectivas solían ser demasiado “originales” o “peculiares” para convertirse en mainstream. Todo lo poco mainstream que pudiera ser un fanfic, claro. Ah, bueno, también recuerdo que cuando escribía sobre relaciones heterosexuales o relaciones entre chicos tenía muchas más visitas y comentarios. Nada fuera de lo habitual.

Aunque también escribía cosas sobre personajes de Enid Blyton y alguna fumada sobre personas reales —la mayoría de las cuales no llegaron a publicarse nunca—, para mí hubo tres series principales en la fanfiction. Quizás sea un poco exagerado hablar de cambiarme la vida, pero sí que hubo un antes y un después. Fueron las series de televisión Xena: Warrior Princess (1995-2001) y Buffy the Vampire Slayer (1997-2003) y, claro está, la saga literaria Harry Potter (1997-2007).

Aunque me gusta mucho el producto en sí (yo soy de las que tiene las temporadas originales en DVD y todas esas cosas), para mí lo divertido siempre fue el fandom: las interacciones entre los fans, el mundo particular que creábamos los fans y, por supuesto, la fanfiction. Si me preguntaran qué prefiero, si quemar Harry Potter para siempre o quemar todos sus fanfics, creo que salvaría los fanfics con gran dolor de mi corazón. Sí, había mucha mierda, pero también verdaderas maravillas que han quedado en mi recuerdo. En algunos casos he tenido que pararme a pensar si algo ocurría realmente en la serie o si lo leí en un fanfic. Por ejemplo, para mí la película de Lost Boys (Jóvenes ocultos) incluye a Buffy y a Faith, porque así fue como lo leí por primera vez… y pese a haberla visto, me cuesta hacerme a la idea de que no es así.

La princesa guerrera

En el caso de Xena y de Buffy, ambas series tenían varias cosas en común: una protagonista fuerte e independiente, con sus más y sus menos; un presupuesto limitado que convertía todo lo que hacían en “serie B”, algo que también iba en consonancia con su espíritu; y bastante rollo bollo, fuera explícito o implícito. No voy a negar que era parte de su encanto y de la fascinación que ejercían en mi yo adolescente.

No sé si yo miro con esa cara a mis amigas, pero si es así, no me extraña la fama que me echan.

No sé si yo miro con esa cara a mis amigas, pero si es así, no me extraña la fama que me echan.

Xena: Princesa Guerrera fue la abanderada de lo que muchos fans entendíamos por “subtexto“. Hace mucho, mucho tiempo, cuando los dinosaurios poblaban la tierra, las series casi no tenían personajes homosexuales. Xena y Gabrielle mantenían una bonita relación que, a todas luces, no era más que una maravillosa amistad. Solo las personas retorcidas como yo veíamos en ella una relación romántica. Bueno, las personas como yo y casi todos los implicados en la producción de la serie, desde los guionistas hasta las propias actrices, que jugaban a tensar la cuerda de cuánto podían mostrar de la vida en común de Xena y Gabrielle sin decirnos directamente que estaban liadas.

Se acercaron mucho, muchísimo. Con ellas y con otros personajes. Pero nunca despejaron del todo la incógnita. Solo el día en el que se emitía el capítulo final de Xena fue Lucy Lawless y dijo “creo que mi personaje ha salido del armario”. ¡A buenas horas, mangas verdes! En fin, nos hizo un Dumbledore en toda regla. Mientras tanto, Gabrielle y Xena se besaron como poco unas tres o cuatro veces en la serie, siempre con alguna excusa que se hacía ridícula de tan poco que se sostenía.

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Hudson Leick de Callisto luchando contra Xena. Luego se hizo profesora de yoga. NO ES BROMA.

La elegida contra los vampiros

Si bien con Xena siempre me quedó un regusto un poco amargo por su final y por el hecho de que no se atrevieran a decir abiertamente lo que era más que evidente, mi relación favorita en Buffy Cazavampiros nunca fue canónica y me da igual. Visto lo que hicieron con las últimas temporadas, a mi juicio las peores de la serie, casi estoy contenta de que nunca se atrevieran a explorar las luces y sombras de una relación entre las dos cazadoras, Buffy y Faith.

Buffy y Faith, del amor al odio no hay más que un paso. Mucho antes del Spike/Buffy.

Buffy y Faith, del amor al odio no hay más que un paso. Mucho antes del Spike/Buffy.

Sí, de nuevo se acercaron. Fueron conscientes. Por supuesto que eran conscientes. Tenemos más besos (estos en la frente, aunque en el guion se proyectó un beso en la boca que no llegó a mostrarse), más diálogos con dobles interpretaciones, más luchas de ahora te quiero y ahora te odio. Pero era Buffy, era la protagonista, y ya iba bien con que Willow aguantase todas las escenas lésbicas de la serie. (Dos cosas con Willow: una, perdieron una oportunidad de oro de representar un personaje bisexual, que habría tenido sentido por su historia y porque el fandom de Buffy era mucho más bifriendly que el de Xena; y dos, no, matarle a la novia y reemplazarla por esa otra que era una especie de Faith en miniatura no fue gran idea. Los fans de Willow nunca perdonaron esa muerte de Tara. Sin que a mí me emocionara la pareja Willow/Tara, fue feo.)

Buffy y Faith en ese baile que se marcan antes de que se desmelenen y... maten a alguien.

Buffy y Faith en ese baile que se marcan antes de que se desmelenen y… maten a alguien. Problemas de cazadoras.

Joss Whedon y sus colaboradores son perversos polimorfos que, ya a finales de los 90, entendían perfectamente que el fandom se alimentaba de todas las metáforas y los dobles sentidos, así que los explotaban a muerte. La propia serie de Buffy era una metáfora con patas del instituto como un lugar infernal. Siempre entendí que, para ellos, la relación entre Buffy y Faith no era más que otro de sus muchos juguetes. Aunque, sinceramente, molesta un poco que luego en los cómics vaya Buffy, nuestra cazavampiros superhetero, y se acueste con una cazadora que no es Faith. Creo que Joss Whedon no le perdonó a Eliza Dushku eso de que los abandonara para filmar la serie Tru Calling.

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“¿Vamos a cazar vampiros, B?”.

El niño mago

Pero si hablo de perversos polimorfos, solo se me ocurre un lugar donde lo que comenzó como una saga infantil se convirtió en el reino de las combinaciones inesperadas y los argumentos sorprendentes: Harry Potter. El fandom de Xena tenía simpatías evidentes por el BDSM. El fandom de Buffy era muy bifriendly y era capaz de extraer subtexto de parejas que yo jamás habría imaginado.

Nada de esto me habría preparado para la vasta diversidad del fandom de Harry Potter. Veelas enamoradas, planes secretos en el n.º 13 de Grimmauld Place, directores de Gringotts volviéndose locos… Nada. Aquí los personajes se emparejaban como por arte de magia (¡ja!) y era posible inventarse todo un pasado de quien no había dicho más que dos palabras en el último libro. Una locura fantástica.

El fandom de Harry Potter es una gran rayada. Imagen de Inganah.

El fandom de Harry Potter es una gran rayada. Imagen de Inganah.

No tengo ninguna pareja de chicas favorita en Harry Potter, aunque he leído muchos fanfics con Hermione. Tampoco es una saga que predisponga especialmente al femslash, como sí lo hacían Xena y Buffy, aunque eso nunca ha detenido a los escritores de fanfic. Años después de que se publicara el séptimo libro pensé que, como mucho, yo shippeaba un Harry/Ron/Hermione, en términos románticos o amistosos. Creo que la propia autora llegó a una conclusión más o menos parecida después de ver las películas, al menos por las palabras que dedicó al Harry/Hermione, pareja de la que siempre había abominado.

Los fanfics que escribí sobre Harry Potter son los más experimentales de todos los que hice, seguramente porque su fandom fue, para mí, el más subversivo de todos. En estos años fui consciente de que la fanfiction se me había quedado pequeña. Recuerdo que planeé un fanfic en el que exploraba la forma en la que vivían su “otredad” las chicas no blancas de Harry Potter a través de lo que comían o cocinaban: Parvati y Padma, Angelina, Cho y Blaise (que en esta época aún no sabíamos si era chico o chica). Erm, interesante. Pero quizá un poco demasiado para un fanfic. Por mucho que me fastidie, lo que se buscaba en la mayoría de fanfics eran largas sagas románticas sobre el personaje o personajes de tu elección, no experimentos literario-culinarios.

Ahora que, finalmente, el mundo editorial ha acogido y celebrado la fanfiction más o menos camuflada; ahora que libros como Cincuenta sombras de Grey o Fangirl son éxitos de ventas; ahora que se escriben las “historias del personaje X” y se publican como libros aparte; ahora que lo que entendíamos como “copias” hoy son “homenajes” y explotar las alternativas de un universo no es exprimir la gallina de los huevos de oro, sino brindar otras perspectivas legítimas, me sonrío. Porque todo esto me suena muy conocido y, la verdad, está bien que por fin haya llegado al mainstream.

Me pregunto, eso sí, dónde está la frontera. Porque si yo escribiera una historia sobre dos chicas que cazan vampiros y resulta que se odian pero en el fondo se quieren y hay brujas y fantasmas y zombis y amigos frikis con muchos traumas y esas cosas, todo el mundo reconocería al instante de dónde viene. ¿Lo llamarían copia descarada? ¿O le darían la bienvenida con emoción? Misterio.

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