Personajes de Un pavo rosa: Álex

Voy a inaugurar una nueva serie de entradas que me permite onanizar con otro aspecto de Un pavo rosa del que estoy especialmente orgullosa: sus personajes. Y, cómo no, a vosotros os permite hincar el diente en la chicha, que viene a ser: Diana, ¿alguna vez te masturbaste con un boli de colores? Diana, ¿alguna vez hubo en tu vida alguien tan, tan, TAN como Richi, como Nick? Venga, entremos en materia con esa protagonista con la que me asociáis todos, me conozcáis en persona o no: Álex.

Alejandra Blanco Sánchez, o Álex

  • Fecha de nacimiento: 28 de febrero de 1981
  • Lugar de nacimiento: Berlín-Este
  • Altura: 1,75 m
  • Pelo: Castaño oscuro
  • Ojos: Azul oscuro
  • Otras características: Gafas, delgada y huesuda
  • Libro favorito: La divina comedia, de Dante
  • Palabras más usadas: Teóricamente (y todos los adjetivos posibles en -mente), concepto, pasado, yo
  • Orientación sexual: Lesbiana, pero es complicado
  • Fetiche inescapable: Los objetos con forma parecida a los bolígrafos de colores
  • Miedos: El paso del tiempo, las arañas
  • Padres: Alejandro Blanco Méndez (cuerpo diplomático del Estado) y María del Socorro Sánchez (sus labores)

Álex tiene diecisiete años (al comienzo del acto I) y es una persona peculiar. Es friki (muy friki), idealista (muy idealista), culta, bastante brasas, un poco elitista y, a su manera, rebelde. No fue en absoluto difícil de crear: en casi todos los escritores vive una pequeña Álex. Tiene algo de Agnes de Fucking Amal, algo de Kim de Sugar Rush y el resto soy yo. Tal cual.

Dicho esto, lamento decir que no me he masturbado nunca con un boli de colores. Esa escena de Álex se inspira en experiencias que otras personas me han contado, chicos y chicas. Es curioso pensar que, en este mismo momento, en algún lugar, hay un adolescente pensando en posibles aplicaciones masturbatorias de objetos comunes.

Álex no solo se inspira en mi forma de ser y de pensar, sino que su aspecto es, al 85% (porque yo no tengo los ojos azules ni nunca estaré delgada), una copia calcada del monstruito pseudogrunge que tenía que ser yo con quince años. Vaya por delante que me encanta esa estética, pero qué mal la llevaba. La pobre Álex, como yo, acumula cruces celtas y se pone ropa oscura sin saber qué combina con qué, suda sus camisetas negras de Nirvana y mira a través de unas gafas que probablemente le ocupen media cara. También lleva anillos, al contrario que yo, pero esto tiene truco porque uno es la alianza de su padre, que como sabemos murió cuando nuestra Álex era pequeña.

Álex tiene una característica que se inspira en una cualidad mía, pero que es mucho más extrema: al contrario que su amada Nick, realmente tiene muy poca vergüenza porque le importa bastante poco lo que digan de ella. Por eso Jorge se fascina de que se pueda hablar con ella de cualquier cosa y por eso suelta tantos comentarios fuera de lugar. Esto me ocurría a mí TODO EL RATO cuando era niña. Solo conocí la vergüenza más tarde, cuando me hice adolescente y comencé a preocuparme por la imagen que la gente podría tener de mí. Se ve que este lado de la adolescencia solo ha tocado de muy refilón a Álex.

El lado negativo de esta característica es, evidentemente, que Álex vive totalmente encerrada en sí misma y le cuesta un montón bajar a la realidad. De hecho, considera (y duele darle la razón en algunos casos) que ponerse a la altura de otros es en el fondo rebajarse. Así que sus interacciones con los demás siempre son difíciles, porque a Álex le cuesta entender nada desde el punto de vista de los otros y solo poco a poco aprende a ajustar su discurso según la persona que tenga delante y su situación.

Álex vista por Albaharu.

Álex es fiel por naturaleza, PERO solo con las personas que han entrado en su selecto círculo, como su amigo Jorge. También es posesiva (más que celosa) y un poco absorbente: ella es entregada, cierto, pero también exige ser el centro de atención de quienes están con ella. En el fondo, Álex es muy sensible al cariño y le aterra la idea de perder a aquellos que están cerca como perdió a su padre.

Como personaje profundamente idealista, Álex vive de acuerdo con un férreo sistema de valores en el que cree. Y por eso su inocencia, digamos, su incorruptibilidad en algunos casos, es una especie de llamada al desastre. Por desgracia, Álex es el personaje del que siempre se burlará alguien, que siempre tendrá problemas aunque no los busque. Porque el mundo no funciona así y hay mucha gente con ganas de demostrárselo.

Los personajes como Nick o los hermanos de Richi se sienten fascinados en mayor o menor medida por ese toque de pureza de Álex y a la vez quieren mancillarlo. Romperle las expectativas. Bajarla a la realidad. Pero con un poco de suerte, y si no han entrado en su círculo privado, su sarcasmo o sus burlas apenas harán mella en Álex. El problema viene, evidentemente, si el daño proviene de alguien cercano o si la burla se convierte en una agresión. Álex tiene pocas defensas salvo su inteligencia y su capacidad de razonar, pero hay ciertas personas con las que no se puede razonar. Esto es algo que aprendí, a malas, en mi adolescencia.

A pesar de todo esto, Álex no es un personaje carente de lados negativos. De su férreo sistema de valores está excluida su madre, a la que Álex guarda especial rencor por haberla “guardado en una urna” durante toda su infancia y por haberla cambiado de país a menudo (solo dos veces, en realidad). Por otra parte, los personajes más íntegros son los que hacen más ruido al caer. Por eso, cuando Álex comete actos mezquinos o deshonestos, su Bajada a los Infiernos es mucho más pronunciada que la de otros personajes y suele incurrir en comportamientos francamente aborrecibles. No es casualidad que La divina comedia sea uno de sus libros favoritos; cuando Álex se enfada de verdad, se da un paseo por el infierno.

Hay otros pequeños aspectos de Álex que también tomé directamente de mí, pero casi nunca al cien por cien. Por ejemplo, a Álex le aterran las arañas y le apasionan las hormigas. También Álex tiene, aunque muy discretamente todavía, una ligera inclinación por el BDSM que nada tiene que ver con el (escaso) sexo real del que disfruta en los libros, sino más bien con una situación imaginada en la que el sexo pueda ser exclusivamente un instrumento, algo casi mecánico que le permita dejarse llevar y vaciar la cabeza. Por eso coloqué, como quien no quiere la cosa, el libro La venus de las pieles en un lugar privilegiado de su biblioteca.

La biografía de Álex, aunque tiene algunos puntos en común con la mía, no es ni por asomo igual. Mi padre no está muerto, por suerte. Mi madre no es una fanática religiosa, ni siquiera es religiosa. Sí hubo una chica rubia que revolucionó mi vida, pero no se convirtió en lo que se convierte Nick para Álex. Yo me he acostado con más chicos que Álex, entre otras cosas porque me quité pronto esa reverencia a la intimidad que todavía tiene ella y porque siempre tuve claro que los penes no me eran indiferentes.

A veces me gustaría poder hablar con Álex y darle consejos, porque es un poco hablar con mi yo adolescente. Le diría que tuviera esperanza, que todo mejora. Pero Álex probablemente me diría lo mismo que Agnes en Fucking Amal: “¿Y para qué quiero ser feliz dentro de veinte años? Yo quiero ser feliz ahora”. Yo pensaría que a lo mejor no está en su ADN ser feliz. Pero eso no se lo diría.

Datos curiosos:

  • Siento placer cuando alguien la llama “Alejandra”. También me gusta cuando Nick le dice: “Joder, Álex”.
  • Escribir los diálogos de Álex es un poco una liberación y un gustazo, teniendo en cuenta que pocos personajes hablan en su mismo registro.
  • Inicialmente su nombre no era Álex, pero sí empezaba por A; eso siempre estuvo claro. “Álex” como nombre de chica no se puso de moda en España hasta hace muy poco.
  • A veces, para escribir escenas de Álex, me pongo la canción de Alejandro de Lady Gaga y la tarareo. Ale-ale-jandro, Ale-ale-jandro.

Álex en el acto II, vista por Henar Torinos.

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