Guía para NO ser un escritor brasas

Los artículos de este blog no suelen estar destinados a escritores, pero con este voy a hacer una excepción porque interesa tanto a quienes escriben como a los que hacen algún trabajo artístico y a todo el círculo que los rodea. Quiero hablar de lo que pasa con los autores cuando comienzan a tomarse lo de escribir “en serio” e, incluso, a ser publicados y lidiar con las cuitas del mundo literario.

Para resumirlo: la mayoría de autores, que a pesar de sus rarezas son buenas personas, se convierten en unos ególatras de cuidado y se pasan unos años que no hay quien los aguante.

Esta fase es un problema tanto para el escritor (que quizá no lo sepa pero se le está tachando de “brasas” a sus espaldas) como para los más cercanos al escritor, que de sentirse contentos y orgullosos comienzan a desear que eche un poco el freno.

Como creo que ya he pasado esta fase (aunque todos tenemos recaídas) y ahora estoy sufriendo las de otros, pensé que escribir algo al respecto podía ser de utilidad para los que estén en brote, entrando en brote o saliendo del brote. Siempre ayuda ver las cosas con perspectiva; también lo dejo aquí como recordatorio para mí misma. 😉

Escribir es genial… y lo sabes.

Escribir es una maravilla. Tiene sus momentos mejores y peores, pero el que escribe sabe que hay una magia especial en sentarse a darle forma a algo que solo existe en su cabeza. Es crear una burbuja única donde pasan cosas maravillosas. Para mí la necesidad de escribir se equipara a la que tienen otras personas de expresarse mediante otros métodos, de crear arte o de hacer ejercicio físico. Es una parte muy importante de mí que tengo que atender.

No todas las personas que escriben sienten el deseo de publicar y/o de seguir una carrera como autores. (Entre otras cosas, porque es muy difícil ganarse la vida escribiendo, pero eso da para otra entrada.) Sin embargo, hay muchas, montones, que sienten el deseo imperativo de ser leídas por cuanta más gente mejor. Es muy raro encontrar un escritor que solo escribe por encargo o que le da igual que le lean o no. Los hay, pero son pocos y son gente muy descreída o muy asceta. En casi todos los escritores predomina el deseo de comunicación con los otros, de “decir” algo.

Cuando el autor finalmente se identifica como tal (es decir: dice “yo soy escritor” y decide que quiere potenciar al máximo esta faceta), normalmente debido a una buena noticia en este ámbito (le publican algo, va a autopublicar algo, gana un premio, ha terminado una novela, etc.), sucede lo mismo que cuando sales del armario. “Escritor” pasa a ser una de las facetas más importantes de tu persona, algo que te define. El resto de facetas (hija, padre, periodista, amante de los animales, aficionada a la historia, de izquierdas…) se queda temporalmente en segundo plano.

Entonces viene el crujir de dientes y la guía de cosas que, como escritor autoidentificado, NO debes hacer (a menos que te guste ser un coñazo).

1. Deja de dar la brasa a tus familiares y amigos.

Saben que has publicado, que vas a publicar o que publicas algo nuevo. Fantástico. Hay familias que te dan la enhorabuena y luego si te he visto no me acuerdo, y hay otras que se involucran hasta el punto de que parece que les va la vida en venderte un libro. Puede ser un poco molesto o vergonzoso, según el caso, pero por desgracia, no tienen la obligación de alabarte, comprarte nada o sentir el más mínimo interés por ese personaje de tu libro que a ti tanto te emociona.

Informa a tus amigos de lo que publicas y, cuando salga, de dónde pueden encontrarlo. Ese es un comportamiento normal: estás entusiasmado, quieres compartir tu felicidad con otros. La gran mayoría te apoyará y se comprará tu libro (aunque luego no se lo lean). Incluso vendrán a tus presentaciones a escucharte hablar de eso en particular (¡y eso ya es amistad!).

Pero no esperes que, en otros contextos, reunidos todos para ir al cine o hacer otra cosa, aunque tú vengas de un encuentro con lectores que te ha encantado, se interesen por todo y esperen que lo cuentes en detalle. La gente tiene sus propios problemas y la confusión de “amigos” con “fans” es peligrosa. Los amigos son personas que te apoyan y a las que apoyas. No están para validar cada uno de tus pasos en las decisiones que tomes como escritor y, desde luego, créeme que a la mayoría no les interesan.

Lo que quiere decir:

  • Deja de dar la brasa contando detalles sobre la nueva novela que estás escribiendo. Y mucho menos haciéndote el intrigante. Los amigos te sonreirán y te dirán que tienen ganas de leerla, ¿qué te van a decir?
  • Deja de dar la brasa vinculando cada cosa que pasa con tu libro. Si viene un camarero y os ofrece vino tinto, no digas: “¡anda, como en mi historia!”. Si haces eso, eres pesado. ¿Sabes la cantidad de veces al día que los escritores nos referimos a las novelas que tenemos entre manos o que acabamos de publicar? Pues son muchas. Nosotros vivimos en buena parte en nuestros mundos, pero el resto de la humanidad no tiene por qué compartir esa pasión. Imagina lo que te aguantan tus amigos y dales cancha.
  • Deja de dar la brasa hablando de ti todo el rato y de cómo están tus novelas. Están bien, gracias. En su lugar, podrías preguntarles a tus amigos cómo están ellos. Cuando no estás en ese mundo maravilloso que construyes cuando escribes, deberías hacer un esfuerzo para prestar atención al mundo real.

Si no bajas de tu nube y dejas de dar la brasa con lo que escribes, habrá cosas que te perderás. Si tus amigos te ven demasiado absorbido en ti mismo, no te contarán cómo están ellos. Empezarán a pensar que eres una persona egoísta (y como tal te estás comportando), que no les atiendes, que solo estás pendiente de tus problemas.

La gente vive estos momentos de absorción total cuando tiene un niño, adopta un cachorrito, comienza un trabajo nuevo o se enamora. Normalmente aguantamos a nuestros amigos cuando les pasa esto y estamos felices por ellos, pero que levante la mano quien no ha pensado “pero qué pesada está Pepi, de pronto su mundo SOLO es esto”. Y echamos de menos a la Pepi de antes que se reía con nosotros y estaba en nuestra onda. ¿Entiendes? Pues eso eres tú con tus libros.

Por eso está bien que, en internet, tengas perfiles o audiencias diferentes para hablar de ti como autor y para hablar con tus amigos. Hay gente que comparte un 20%, un 50% o un 80%, pero desde luego no recomiendo compartir el 100% a menos que no uses las redes sociales más que COMO AUTOR. Tus amigos te quieren, pero es difícil que soporten que solo hables de tus libros. La mayoría acaban silenciándote (seguramente ya lo habrás sospechado), silenciando hashtags de tus libros (100% verídico) o distanciándose de toda esa parafernalia que de pronto es tan importante para ti.

Harás “amigos” nuevos gracias a esto, sí. Pero no alienes a las personas que son de verdad importantes y que ya están en tu vida. Luego puedes lamentarlo mucho. Respeta los canales que ya teníais y no te olvides de hablar con ellos de tú a tú y de preguntarles cómo están, en lugar de dar por supuesto que están ahí para seguir todo lo que dices de tus libros.

2. Deja de dar la brasa a gente que no te conoce de nada.

Esta es una faceta fascinante de los autores que están en su primero, segundo o tercer año de publicación y se sienten poderosos, a la par que tienen la sensación de que “tiene que haber más donde rascar”.

El hecho de que las ventas no suelen ser las esperadas (porque no sé cómo lo hacemos, que siempre nos esperamos miles de millones), combinado con el halagador hecho de que HAY VENTAS y gente que te habla de tu libro, crea una especie de monstruo-autor que por una parte está entusiasmado y quiere hablar de lo que hace y por otra tiene un poquito de complejo. Cree que debería ser más conocido, que deberían darle más rédito, y lo compensa… ¡hablando más de sí mismo!

No tiene nada de malo que los demás sepan que eres escritor, pero no puedes monopolizar cualquier charla con tus progresos literarios. Son incontables las veces que he asistido a una cena o un evento donde había algún autor y he acabado enterándome de la vida y milagros de ese autor, por no mencionar toda su obra o futura obra. Lo gracioso es que, un 90% de las veces, ellos no se han enterado de que yo también soy autora, porque estaban tan embebidos en su ola de entusiasmo egocéntrico que les resultaba imposible concebir un igual (o, peor aún, alguien en una fase posterior) a su lado.

Por lo tanto:

  • Deja de colar el tema de que escribes, lo mucho que escribes y lo importante que es lo que escribes cuando estás rodeado de personas a las que acabas de conocer. Sé que es importante para ti, pero piensa un poco en tu audiencia, de la que no sabes nada. Puede que haya quien acabe de regresar de una sesión de quimioterapia. Puede haber alguien que esté preocupado porque va a perder el trabajo. Puede haber otros autores con más experiencia que tú o personas que hagan un trabajo artístico totalmente diferente. No te creas tan especial y no acapares la conversación. La gente se cansa y se despide con cualquier excusa pensando que serás escritor, pero eres un brasas.
  • Deja de pensar que el mundo gira en torno a ti y haz preguntas a los demás acerca de ellos. Una vez estaba comiendo con varias personas y se presentó un autor que acababa de poner su libro en Amazon; se pasó el rato leyendo su propio libro en un dispositivo electrónico (?) hasta que alguien le preguntó; entonces comenzó a hablar de la novela que había publicado y del mucho dinero que le estaba dando. Es un ejemplo exagerado, pero he visto una actitud similar en otros escritores en algunas reuniones sociales. Un buen escritor debe sentir curiosidad genuina por lo que le rodea; no es bueno que vayas por ahí como un sistema solar autónomo y solo contestes si te preguntan sobre TI. A lo mejor encuentras un alma gemela o alguien que te recomienda una lectura magnífica. A lo mejor participas de una conversación interesante que no tiene nada que ver con la escritura, pero que te da ideas geniales para lo que estás escribiendo.
  • No has inventado la rueda. Escribir no te convierte en un ser superior y, de hecho, hace muy fácil mostrar el propio desconocimiento y quedar en evidencia. Lo bueno es que la mayoría de gente es educada y la mayoría de escritores están demasiado absorbidos en sí mismos para darse cuenta de sus metidas de pata. Si estás escribiendo sobre alguna enfermedad rara, cuidado que no haya un médico en la sala. Si tu novela se burla de los teleoperadores, ojo con que tu interlocutor no sea o haya sido exactamente eso. Y si estás fardando ante la concurrencia de que tus libros están disponibles en más de veinte países, ojo con no haber dicho antes “con Amazon” y que alguien de tu público no sea otro escritor o, aún peor, un editor.

En las redes sociales hay una etiqueta sencilla: no añadas a gente que no conoces de nada simplemente para soltarle publicidad de tu libro. Si vas a ponerte en contacto con alguien que crees que puede estar interesado en lo que escribes, qué menos que presentarse primero.

3. Deja de dar la brasa a otros autores.

Los autores, editores y demás gente del mundillo literario son las principales víctimas de… la gente del mundillo literario. No somos tantos y nos conocemos entre nosotros, sobre todo si frecuentamos los mismos ambientes.

Aquí hay que tener en cuenta algo muy importante que se llama POSTUREO. Todo el mundo está encantado de conocerse, todo el mundo vende mucho y todo el mundo se esfuerza por dar una imagen de persona lectora, persona inteligente, persona conocedora del panorama literario y persona que produce muchísimos textos, la mayoría con un montón de pretendientes.

Muchas veces la realidad es diferente. La gente tiene un montón de problemas que no siempre tienen que ver con el mundo literario. (De hecho, algunos autores con fama de “insoportables” llevan una vida personal difícil, lo cual hace que no sean la alegría de la huerta.) Por otra parte, ya sabemos que en España se vende poco y que los autores tienen dificultades para salir adelante, de modo que debes entender ese entusiasmo casi frenético como lo que es: una mezcla de “me encanta lo que hago” y una buena cucharada de “pero ojalá vendiera más o encontrase un editor más potente”. Hay que mantener buena cara delante de posibles editores o de la competencia.

Los eventos literarios son lugares donde se conoce a personas encantadoras y muy imaginativas con las que hacer grandes cosas, pero también son sitios donde algunos dejan salir lo peor de sí mismos. Por favor, no hagas esto:

  • Deja de dar la brasa con quién eres y asumir que todo el mundo te conoce. Algunos te conocerán, otros no; la mayoría de autores, sobre todo si se miran tanto el ombligo como tú, están demasiado ocupados para seguir la pista al resto. Si te preguntan tu nombre, probablemente debas responder con tu nombre, no con tu currículum: “Puri, autora de X e Y, publicada en tal sitio y en tal otro, correctora de J. Mi usuario de Twitter es tal”. En algunos casos el interlocutor sí quiere saber esos datos, pero ya se darán de forma normal en la conversación. A menos que quien tengas delante sea un escritor brasas y comience a arrollarte con todo lo que ha escrito, por supuesto.
  • Deja de dar la brasa delante de otros autores con lo bien que le ha ido a tu último libro, lo mucho que vendiste en el evento anterior, el fan desesperado que tuviste, la editorial interesada en tu manuscrito aún no terminado. Para lo desconfiados que son los escritores a la hora de compartir sus ideas de novelas, hay que ver lo bocachanclas que son cuando se trata de otras cosas. Esas cifras que citas pueden parecerle ridículas a otro autor que te escucha (aunque la mayoría de las veces es como hablar de peces). Alguien puede tener contacto con una persona de la editorial que nombras y saber que tienen un autor pesado (¡cuyo nombre coincide con el tuyo!) que está insistiendo para que cojan un manuscrito que no les convence. Comenta lo que quieras acerca de lo que escribes, pero frente a personas interesadas, no por presumir y sin venir a cuento.
  • Deja de dar la brasa acerca del último posicionamiento en el mundillo literario sobre el que tienes una opinión (porque hay que tenerla). ¿No te interesa la opinión de los demás? Precisamente estas cosas surgen porque es necesario un debate, no un hilo de Twitter en forma de discurso ingenioso. Para un DE-BA-TE es necesario escuchar lo que dicen los otros, no solo pontificar. Incluso por tu propio interés: seguro que te interesa saber las opiniones de ciertas personas, déjalas hablar.
  • No has inventado la rueda… de verdad. Precisamente los autores suelen tener más conocimiento de lo que se escribe y se publica y, sobre todo, de su género. Si estás haciendo tus pinitos con el terror, puedes hacer reír mucho a alguien internamente si dices “lo que yo hago no se ha hecho nunca antes, es una vampira que solo se te aparece en sueños”. Hazme caso: te muevas donde te muevas, había vida antes de que llegaras, y quedas como un ignorante si intentas alabar la originalidad de lo que escribes diciendo que de eso “no hay nada”. A mí me han contado argumentos de libros que he leído hace una década como si fuesen un bombazo. ¿Qué dices en esos casos? Seguro que “eso ya se hizo” no es lo que el autor quiere oír, pero hay algún autor al que no le vendría nada mal un mínimo de aguja e hilo en la boca documentación.
  • No se te ocurra meterte con lo que escriben otros autores y mucho menos con su género literario. Recuerda que no los conoces de nada y que probablemente sepas menos de ese género de lo que te piensas. No sería la primera vez que, al ser preguntada acerca de lo que escribo, me han soltado “pero la ciencia ficción siempre es muy mala” o “a mí es que los libros para niñas no me van” (verídico, verídico, verídico). Obviamente, se te quitan las ganas de continuar la conversación con ese escritor que se cree tan importante y que piensa que solo lo que él escribe ha sido besado por los dioses.
  • Relaja la raja. Si estás enfermo o tienes un mal día, no tienes que parecer estupendo en todo momento. No te van a crucificar porque estés de morros o te vayas pronto. Recuerda que, en el fondo, los autores piensan muy poco en otros autores porque están inmersos en su mundo, por lo que eres lo suficientemente poco importante.

Traducido en términos de redes sociales, esto viene a suponer que tienes derecho a permanecer callado, tienes derecho a no llevarte bien con todo el mundo y NO tienes derecho a añadir a otros autores con el único y exclusivo fin de meterles tu libro por los ojos; entre otras cosas, porque es una manera muy tonta y muy brasas de promocionarse.

Aunque es cierto que los autores suelen leer (aunque menos de lo que dicen), lo que tú necesitas son lectores. Los autores pueden ser fantásticos compañeros de viaje, incluso podéis ser fans el uno del otro. Pero no busques lectores o fans principalmente entre otros autores y no asumas que lo son en potencia. Si sucede, maravilloso, pero aquí no hay ninguna obligación de “como a mí me gusta tu libro, tú debes comprar el mío y hablar bien de él”. Y si piensas así, es posible que la amistad en potencia se envenene.

Los autores más veteranos tienen aprendida la lección. Saben que hay que distinguir muy bien entre una potencial amistad y haber leído los libros del otro. Con frecuencia yo entablo amistad con autores que no me piden ni ofrecen nada en términos literarios, quizás porque sabemos que es un terreno pantanoso y porque no queremos más compromisos de ese tipo (porque yo ya tenía muchos amigos escritores). Así que no esperamos que el otro se haya leído nuestras cosas ni mucho menos lo ASUMIMOS. A veces ni siquiera escribimos los mismos géneros. Podría ser que ni siquiera nos gustase cómo escribe el otro.

A veces me da la sensación de que las redes sociales son un cloqueo donde cada usuario pide atención para sí mismo y casi nunca da a cambio la que le gustaría recibir. Con los autores esto sucede mucho, porque cada uno habla de sus libros y de sus cosas. Por eso aprecio en las redes a los autores que ponen en marcha debates o iniciativas literarias o cuentan anécdotas divertidas relacionadas con los libros (sí, también los suyos). Cuando el perfil de un autor solo es publicidad de sus libros, es un rollo para autores y lectores.

4. El mundo no te debe nada. No uses tu faceta de escritor simplemente para obtener validación.

En realidad, muchas veces los escritores brasas lo son por un mal muy común a los artistas: la inseguridad.

Al escribir, ponemos en ello un pedacito de nosotros mismos. Los escritores tienen mucho miedo de que la gente rechace ese pedacito. El deseo de comunicarse se mezcla con un profundo miedo a no ser apreciado y querido. Por eso los escritores anhelan tanto un halago, una palabra de aliento, una mirada de admiración. Que se les escuche.

Por eso casi siempre son tan brasas.

El mundo literario puede ser muy cruel y los autores se pasan el rato pensando en si son válidos o no, si hacen lo suficiente o no, si escriben bien o no. Sin embargo, muchas veces las ventas o las malas experiencias no tienen nada que ver con lo que los autores han hecho o la calidad de sus textos.

No se puede afrontar la publicación exclusivamente como un medio para conseguir una validación personal. Entre otras cosas, ¡es una manera muy mala! Siempre habrá ese relato al que han valorado fatal o no han elegido. Esa novela que han rechazado. Ese capítulo que subiste a Wattpad y nadie se lee, no sabes por qué. Y, como escritores, es muy fácil centrarse en lo malo y no en lo bueno.

Ser escritor es difícil y requiere un trabajo continuo, pero no hay una sola manera de serlo. Quítate los miedos e interésate por lo que sucede en el mundo. El escritor seguro de sí mismo no vive replegado sobre su ombligo ni siente la necesidad de dar la chapa con todo lo que hace a sus allegados, a desconocidos y a otros autores.

Vive abrazando lo nuevo que llega y las experiencias que suponen. Disfruta de lo bueno de cada persona. Encuentra apoyos emocionales, compañeros de viaje y lectores interesados que te animen a seguir. Pero distingue siempre los últimos de las personas que están a tu lado por otras circunstancias y líbralas del peso que supone tener que aguantarte más de lo normal y necesario.

Si sigues estos consejos, no te garantizo el éxito literario, pero sí que, como persona y como escritor, serás mucho más feliz.

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